Acabo de leer una artículo sobre este jugador de baloncesto. Me ha resultado especialmente impactante cómo habla de sus fracasos y cómo le ayudaron a mejorar como persona y consecuentemente como jugador de este deporte. Para los que no lo sepan Juancho es el jugador que le puso un tapón a Bogdanovic y pudimos vencer a Croacia.

Para empezar, el Real Madrid lo descartó. No lo quiso como jugador de la cantera. Uno no se puede desanimar si no lo escogen en el “proceso de selección de su vida”. Tiene que seguir luchando.

Segundo, dice que se rompió dos veces las rodillas:  “Creo que si no me hubiera roto la rodilla dos veces, no hubiera ni llegado a la ACB, mucho menos a la NBA”, admite. Una reflexión sobrecogedora que conviene reproducir íntegra, lección para tanto. “En mi vida fue un antes y un después. Después de la lesión soy un jugador y una persona nueva. Veo el baloncesto, el deporte y la vida de otra manera. Ahí comienza el Juancho que todos conocen. Doy gracias a Dios de haberme lesionado, por haber tenido dos veranos muy duros, con seis o siete meses parado en los que me di cuenta de muchas cosas. Vi las cosas que realmente importan: los amigos, la familia… Dejé de pensar en tonterías, en lo que no sirve de nada”.

¡¡Qué duro es!! ¡¡ La vida es una carrera de obstáculos!! Hay que seguir. Lucha, Lucha y más Lucha.

Aquí pongo el texto de artículo de EL Mundo.

http://www.elmundo.es/deportes/baloncesto/2017/09/10/59b433ab468aeb811d8b46be.html

Hay tipos que viven la vida y otros que se lanzan a por ella. Juancho Hernangómez es, sin duda, del segundo grupo. Lo que a tantos les cuesta varios veranos, él lo ha conseguido en unas semanas: ser importante en la selección española, que este domingo (17.45 h., Cuatro), se juega su pase a cuartos de final del Eurobasket contra la anfitriona Turquía. El “pillo”, el “hiperactivo”, el que en la infancia coleccionaba travesuras, no alcanzó el éxito únicamente por su talento ni por sus genes heredados. Los rumores hablan de un joven obsesionado con el trabajo, de madrugadas de entrenamiento tras un mal partido. “Sí, me llegaron a aconsejar que parara un poco, que no entrenara tanto. En Denver también. Es algo que me está costando, aunque cada vez veo más claro que el cuerpo necesita recuperar, que hay que descansar, comer bien… Me llaman el potro desbocado, pero me gusta trabajar, es la única forma de conseguir cosas”.

Dice Sergio Scariolo, quien no puede ocultar su entusiasmo por el fenómeno Juancho en este Eurobasket -aunque intentan protegerle; no ha aparecido aún en ninguna rueda de prensa oficial post partido-, que “es un niño que nació para jugar”. Podría parecer sencilla su llegada a la elite. Hijo de Wonny Geuer, leyenda de la selección femenina, y de Guillermo, profesional ACB. Hermano menor de Willy, que allanó el camino. Y mayor de Andrea, que viene prometiendo. ADN y físico para envidiar desde su envergadura, sus pies fugaces y sus 206 centímetros. Y, sin embargo, su adolescencia estuvo repleta de obstáculos.

El primero, el rechazo. Pocas cosas más ásperas a los 14 años que el Real Madrid te diga que no. Allí acudió ‘Juanchiviris’ -así le llaman todos- siguiendo los pasos del hermano mayor, que se mantuvo en la cantera blanca mientras él era sorprendentemente cortado tras su primer año cadete. “Me echaron por la puerta de atrás”, confesó en su día. Fue el revés inicial, aunque no tardaría en acudir el siguiente, más difícil aún. Tras reengancharse en el Majadahonda, las lesiones le esperaban detrás de la esquina. Con la perspectiva del tiempo, Juancho ha dado la vuelta a aquel mazazo. “Creo que si no me hubiera roto la rodilla dos veces, no hubiera ni llegado a la ACB, mucho menos a la NBA”, admite. Una reflexión sobrecogedora que conviene reproducir íntegra, lección para tanto. “En mi vida fue un antes y un después. Después de la lesión soy un jugador y una persona nueva. Veo el baloncesto, el deporte y la vida de otra manera. Ahí comienza el Juancho que todos conocen. Doy gracias a Dios de haberme lesionado, por haber tenido dos veranos muy duros, con seis o siete meses parado en los que me di cuenta de muchas cosas. Vi las cosas que realmente importan: los amigos, la familia… Dejé de pensar en tonterías, en lo que no sirve de nada”.

Juancho, durante su etapa en el Estudiantes. ANTONIO HEREDIA

En la segunda rotura de cartílago, el mediano de los Hernangómez estaba ya a las puertas de acudir al Mundial sub 17 con España. Ese verano de frustración fue reclutado por Estudiantes, donde estalló. Debutó con 18 recién cumplidos, aunque tampoco resultó un camino de rosas su despegue. Responsabilidades mal entendidas y un descenso -luego no consumado- en su año de despedida, donde fue nombrado mejor joven de la ACB. Tantos no entendieron su salto a la NBA, algo que tenía claro, más tras ser elegido en el draft por los Nuggets (puesto 15). “A todo el mundo no le puedes gustar, está bien que te critiquen. Cuando tomas una decisión, puede estar bien o mal, pero en mi familia tenemos que estar al 100% con ella. Si hubiera estado mal, nos hubiera dado igual porque estábamos convencidos de que ese era el siguiente paso. Era cumplir un sueño y significaba muchas cosas. Ha pasado sólo un año y lo importante no es llegar a la NBA sino mantenerse. Vamos a seguir luchando para ese reto”.

En Denver le valoran como la perla que es -en la selección se ha encontrado con Jordi Fernández, asistente de los Nuggets, “la persona que más me ha ayudado desde que estoy en la NBA”-, aunque si en algún sitio ha caído de pie es en la selección. Venía con estupendos precedentes, el triple sobre la bocina que le dio el bronce a España en el Europeo sub 18 de 2013, en Letonia ante Letonia, muestra de su falta de complejos. Así la recuerda: “La jugada no era para mí. Estaba en el banquillo. Diop hizo cinco faltas. Alberto Martín, el base, debía romper y doblar. Recuerdo que le dije que llegaba por detrás… Salió perfecto”.

El pasado verano prefirió declinar la convocatoria de Scariolo para acudir a la Liga de Verano y aclimatarse a la NBA. Este año, enlazó la propia Liga de Verano con la concentración con España, donde se vio favorecido por las bajas. Primero Claver, luego Llull y la última de Abrines, lo que le ha convertido en el jugador que más minutos ha disputado en la primera fase, sólo por detrás de Marc Gasol. Es, además, el segundo máximo anotador. “Estoy tranquilo. Está sucediendo todo muy rápido. Pero lo hecho hasta ahora no tiene tanta importancia como lo que nos viene. Tenemos que estar preparados, motivados e ilusionados”, se contiene. Porque hasta decide partidos: su tapón a Bogdanovic, en una excelente acción defensiva (no es su especialidad, todavía), ha sido una de las imágenes del Eurobasket.

Y entre hueco y hueco, otro de los secretos de Juancho, su trabajo individualizado con Ángel Goñi, uno de los entrenadores de cantera más reputados de España. “Cada día que tengo libre le llamo. Él me hizo y es una gran parte de mí, de lo que veis como jugador. También me ayuda en la parte mental, ve cosas que otros no ven”, agradece el alero de su mentor.

También fuera de la cancha el ex colegial, puro entusiasmo, está dejando huella. Es la alegría del primerizo. “He tenido suerte de que mi hermano ya estuviera en este grupo. Me han acogido muy bien, se han portado genial conmigo”, confiesa, mientras Garbajosa, que pasa por detrás, le suelta una colleja cariñosa. También la selección ha sido como “volver a la infancia” y compartir habitación con Willy. “Hemos estado todo el verano juntos. Siempre intentamos coincidir. Tenemos un grupo de amigos común. Nos lo pasamos bien. Nos ayudamos, pero también nos criticamos, somos competitivos. Esto nos ayuda a mejorar”, recalca.

“Ahora empieza lo bueno”, se despide. Y no puede haber mejor resumen de su llegada a la selección.

 

 

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