Hace poco leía una frase de Elizabeth Kubler-Ross que decía: «Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la Vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada».

Al mismo tiempo me encantó y me dolió. Me encantó porque estoy totalmente de acuerdo y me dolió porque ser “gente bella” cuesta mucho, es doloroso.

Elizabeth Kubler-Ross, fue una gran mujer que a la vez de ser médico-psiquiatra fue escritora, se consideraba de nacionalidad suiza-estadounidense, pero ella decía “ciudadana del mundo” y fue una experta sobre la muerte y las personas moribundas y los cuidados paliativos.

Nos explicó cómo nos enfrentamos al cambio más radical al que tenemos que enfrentarnos: La muerte. No obstante las emociones que sentimos ante ese cambio son las mismas que tenemos cuando nos enfrentamos a cualquier cambio en nuestra vida. Uno de ellos es la pérdida de nuestro trabajo.  Este es el modelo de Kubler-Ross. En el cuadro falta la “Ira”.

1-Negación
«Me siento bien», «esto no me puede estar pasando, no a mí». La negación es solamente una defensa temporal para el individuo. Este sentimiento es generalmente reemplazado con una sensibilidad aumentada de las situaciones e individuos que son dejados atrás después de la muerte. ​

2-Ira
«¿Por qué a mí? ¡No es justo!», «¿cómo me puede estar pasando esto a mí?». Una vez en la segunda etapa, el individuo reconoce que la negación no puede continuar. Debido a la ira, esta persona es difícil de ser cuidada debido a sus sentimientos de ira y envidia. Cualquier individuo que simboliza vida o energía es sujeto a ser proyectado resentimiento y envidia. ​

3-Negociación
«Dios, déjame vivir al menos para ver a mis hijos graduarse», «haré cualquier cosa por un par de años más». La tercera etapa involucra la esperanza de que el individuo puede de alguna manera posponer o retrasar la muerte. Usualmente, la negociación por una vida extendida es realizada con un poder superior a cambio de una forma de vida reformada. Psicológicamente, la persona está diciendo: «Entiendo que voy a morir, pero si solamente pudiera tener más tiempo…». ​

4- Depresión
«Estoy tan triste, ¿por qué hacer algo?»; «voy a morir, ¿qué sentido tiene?»; «extraño a mis seres queridos, ¿por qué seguir?». Durante la cuarta etapa, la persona que está muriendo empieza a entender la seguridad de la muerte. Debido a esto, el individuo puede volverse silencioso, rechazar visitas y pasar mucho tiempo llorando y lamentándose. Este proceso permite a la persona moribunda desconectarse de todo sentimiento de amor y cariño. No es recomendable intentar alegrar a una persona que está en esta etapa. Es un momento importante que debe ser procesado. ​

6- Aceptación
«Esto tiene que pasar, no hay solución, no puedo luchar contra la realidad, debería prepararme para esto». La etapa final llega con la paz y la comprensión de que la muerte está acercándose. Generalmente, la persona en esta etapa quiere ser dejada sola. Además, los sentimientos y el dolor físico pueden desaparecer. Esta etapa también ha sido descrita como el fin de la lucha contra la muerte.

De una forma u otra, para asumir los cambios en nuestra vida, incluso el cambio de ciudad de residencia, el cambio de sistema de trabajo, debemos atravesar estas etapas, y sobre todo, gestionarlas (al menos dos de ellas, decía Elizabeth). Cuando hablo de gestionarlas me refiero a lo que dice «Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida y han encontrado su forma de salir de las profundidades”.

¡¡QUERIDO LECTOR, TEN ÁNIMO… ADELANTE… SIGUE… AL FINAL… SERÁS UN ALMA BELLA!!

 

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