¿Alguna vez lo ha intentado, querido lector? Es difícil. Yo llevaba mucho tiempo intentando bajar de 10 minutos y no lo conseguía.  No lo hace cualquiera que no sea un buen deportista.

El caso es que lo conseguí, sin darme cuenta. Superé mis limitaciones (no bajar de 10 minutos). La clave está en saber cómo lo conseguí y esta es la solución: había muchos nadadores en la piscina y se metieron dos nadadores en mi calle, por lo que había que ir dando vueltas continuamente sin que te alcanzaran.

Cuando uno nada solo, su contrincante es uno mismo. Cuando nadas con otro, lo importante es que no te coja el que viene detrás, y ésta es la clave. Te entra competitividad y te olvidas de ti mismo.

PRIMERA LECCIÓN: Tienes que compararte con tu competencia. Pero no para lamentarte, sino para que no te coja, para nadar más deprisa que el otro. Es decir, tienes que mejorar e innovar para poder seguir siendo competitivo. La competencia es buena.

SEGUNDA LECCIÓN: Lo que no se mide no se gestiona. Si no puedes controlar la distancia que haces y el tiempo que tardas, no podrás superarte. Si no introducimos controles en la gestión de las empresas, nunca podremos ser competitivos.

 

TERCERA LECCIÓN: Tenemos muchas limitaciones que son falsas. Son auto impuestas por nuestras creencias.

CUARTA LECCIÓN: Si no te rodeas de un equipo competitivo, nunca vas a ser bueno… te terminas adocenando… relajando… volviéndote un mediocre. Estar rodeado de gente más lista que tú, te hace mejor profesional y, si me apuran, mejor persona.  Si nadas con alguien que vaya rápido, te hace nadar más rápido a ti.

Lo curioso es que estas cuatro lecciones lo sabía desde hace tiempo… ¿Entonces dónde esta la clave?

QUINTA LECCIÓN: Lo importante no es saberse la lección. Lo importante es que estas ideas las hayamos interiorizado hasta tal punto, que se hagan sin pensar… es decir, que sean un hábito. Trabajo de toda una vida.

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